Y no voy a hablar del gol de Villa, ni a engordar las falsas esperanzas de las que nos despertará Italia de un sopapo.
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La Zona Cesarini son las 6 de la mañana, el momento en el que las primeras expectativas se convierten en acción/reacción/erección. Hacerse con los retales de última hora nunca ha estado mal visto entre los amigotes. Hay como un pacto de caballeros de “Sí es verdad que si te quedabas mirándola daba cierta grima, pero el morcón con patas que te jincaste en las fiestas de Yepes 2002 no tenía nombre“. Son casos que se recuerdan desde la nostalgia, y nunca con intención de olvidarlo. Resultan ser muy buenas experiencias, chicas solidarias y muy agradables. Una vez mi padre me dijo que coño con hambre, coño por dos. Y eso es así, son chicas que se entregan.
Lo malo es el Gobierno y la represión a la que estamos siendo sometidos. Al final se cargarán todo.
Y es que hace unos años el Coliseum era lugar de peregrinación para eso de empañar las lunas del coche y acabar el Sábado con una mala paja, o unas aguadillas si había mejor suerte. Conozco a un tío que aguanta una relación de la Zona Cesarini por una buena mamada en el Fondo Sur. El amor es incontrolable.
A lo que voy, si con el tiempo todos nos hacemos especialistas (a mi hermano le gustan las de grandes encías, al Chino los morcones, a mí las que tienen algún tipo de tara subvencionada por el Estado…), el amigo Antoñito es de metrosymedios y tumbarse pa’ riba. Dice que en otra vida tuvo que ser ardilla o zoofílico de ardillas, porque en ese estilo es donde se encuentra cómodo.
Ayer Antoñito tuvo suerte, una chica de Navalmoral de la Mata, de unocincuentasillego y poco femenina le puso ojitos. Después de unos cuantos frotes no dudó en ofrecerla una vueltecita en su R21 (Renault 21 Chamade). Arriba para el Coliseum que a las 7 no hay quien aparque.
En la quinta rotonda, la que ya daba acceso al parking del Estadio, allí estaba el Gobierno Represor, en forma de coche de policia.
- Buenas noches.
- Buenas noches, agentes.
Trámites de identificaciones y papeleos. La de Navalmoral no se lo creía.
- ¿Ha bebío usté?
- No señor agente. Bueno, un cubata hace 6 horas… y otro a las 3. Puede que un tercero, pero esa ronda no la pagué yo y no lo recuerdo. Ah bueno, y cuando estaba con ésta… pero ese no cuenta porque se me aguó.
- ¿Sabe que si le realizamos el control de alcoholemia usté da positivo fijo?
- Bueno, yo dreno bien el alcohol, viene de familia. Además soy de espalda ancha, eso ayuda.
- Ya ya (risas).
….
- ¿Y la señorita?… ¿Su novia?
- Eh…
- ¿No cree que se merece algo más que el Coliseum, eh, no cree usté?
- Bueno…
- Que baje del coche su novia.
Momento de tensión.
- No se preocupe, es puro trámite.
En estas, el poli bueno, el que aguarda atrás poniendo gestos de negación ante los desplantes de su compañero, saca un metro de carpintero y se lo lanza al poli malo.
- Esta señorita según mis cálculos mide 1,49, conste en acta.
El poli bueno anota en su libreteja.
- Como dice el reglamento que usté debe conocer, los mayores de tres años y con menos de 1,50 de estatura están obligados a utilizar un sistema de sujeción homologado a su peso y talla para viajar en un medio de locomoción. Así que son 90 euros, con un descuento del 30% si vas la próxima semana. Arreando.
Antoñito apretaba el culo, alucinado. La de Navalmoral seguía pensando que era una broma de la capital, del estilo de esos muchachos de Coslada que eran algo revoltosos y no siempre controlaban sus medidas.
- Y da gracias que no le hacemos soplar. Ahora circule. Buenas noches…
Antoñito prisaba embrague, metía primera y finalmente hizo un cambio de sentido en la rotonda. Hoy ni Cesarini tendría ganas de paja o mamada.